"Si es más emocionante, mejor…" dice un viejo dicho. La edición 2023 de SuperRugby nunca dejó de presentarse como lo que realmente era: una caldera de tensiones entre la resiliencia de los Chiefs y la sabiduría de los candidatos recurrentes encarnada por los Crusaders. Hasta el momento de la definición hacia cuartos de final (Round#15) el holding Neozelandés sigue superando al de Australia en puntos marcados (+9%) y concentrando el 52,1% de todos los puntos marcados en SuperRugby.
Por una comodidad metodológica he desarrollado una métrica
llamada Ball in Play Teórico, que consiste en parametrizar los tiempos de todas
las incidencias del juego (conversiones, penales pateados y jugados, scrums,
lines, pausas en el juego, video ref, lesiones, etc.) y contraponerlas a los 80
minutos reglamentarios que deben jugarse. De esa manera, la métrica nos
relaciona con la estructura de eventos en vez de hacerlo con el tic-tac del
reloj. En este aspecto, los equipos de NZL juegan 4% más de tiempo. Todos
sabemos que en el deporte de alto rendimiento esto puede ser definitorio.
La potencia y eficacia de la ejecución del breakdown
neozelandés se manifiesta en una relación de 22/1 vs 19/1. Vale decir que los
Kiwis pierden, en promedio, un ruck luego de ejecutar 22 correctamente vs 19 de
los australianos.
Las métricas defensivas muestran sistemas implacables (como
el de Chiefs) y sistemas más vulnerables (Rebels, Moana o Highlanders).
Pero me gustaría centrarme en la participación Fijian Drua y
Moana Pasifika desde 2022, el año del debut en SuperRugby. Finalizaron con un
Índice de Ataque Compuesto relativamente bajo basado en la escasa cantidad de
tries, pero sostenido por mejorías en Breaks y Defensores Batidos. Pero estamos
ante una competencia que tiende a emparejarse desde la fisicalidad. Según me confió recientemente Jerónimo de la
Fuente, ex Jaguares y actual inside de Los Pumas, "el SuperRugby es el
torneo más duro en mi experiencia. Tenés que estar al 100% de tus aptitudes
físicas y mentales para aguantar el ritmo de los partidos. Es mucho mejor
técnicamente que las competencias en el hemisferio norte…”. Y eso incluye a las
franquicias isleñas también.
La variante disruptiva de Drua y Moana con el resto del SuperRugby
2022 se focalizó en la baja posesión pateada, indicativa del empleo de una
mayor fisicalidad en el juego.
Las expectativas de los equipos isleños para SuperRugby 2023
estaban alineadas en la continuidad de la experiencia y el desarrollo de talentos.
Ambos asumieron el mismo camino pero con resultados diferentes. Una evaluación
del Índice de Ataque Compuesto muestra perspectivas decrecientes para Moana y
una mejor performance para Drua basada en su victoria en Rd.#15.
La relación de juego sellado de Drua es la más alta del holding australiano (42,9%). La de Moana es similar la de Blues en el holding kiwi (39,6%). Como se ve, el juego cerrado se hace fuerte en la impronta de fisicalidad y determina la genuina dimensión del ataque en estos equipos. Según Marcelo Bosch (ex Biarritz y Saracens y ex Inside de Los Pumas) “La principal herramienta del ataque en SuperRugby es la configuración de los Rucks para pelotas de calidad”.
Hasta aquí vimos la ´estructura´ del juego isleño en SuperRugby, basada en el juego sellado y la alta fisicalidad. Pero la experimentación de algunas dosis de juego expansivo siguen siendo propiedad de Moana y le valió la obtención de su único triunfo en SuperRugby.
Los resultados y la ratio de puntos marcados/ recibidos
siguen condicionando el desarrollo de las franquicias isleñas en SuperRugby, a
pesar de la clasificación a QF de Drua. Ídem con sus ratios de Try Equivalents.
2024 podría ser un año diferente para ambos y quizás incluya la recuperación
del juego isleño.

