Esta nota es parte de una serie de ideas que decidí someter a una ´prueba de realidad´ durante el desarrollo de los partidos internacionales de Otoño, donde los equipos del hemisferio sur visitan a los del norte. Pero un estado de cosas movilizaba mi inquietud, sea como simple espectador de los juegos o como analista. Los liderazgos consistentes de Irlanda y Francia por sobre los gigantes del hemisferio sur, junto con el reposicionamiento de Argentina en el concierto global, por ejemplo, hizo que me preguntara de qué manera vamos construyendo esta suerte de varianza en la continuidad y cual podría ser la lógica de esa alternancia.
Durante años, he
pensado que el juego podría presentarse bajo una visión dicotómica. Lecturas
como Hemisferio Norte vs Hemisferio Sur o Equipos Sajones vs Equipos Latinos
configuraron para mí un ecosistema cuya estructura funcionaba en base a una
polarización de roles, reeditando así la clasificación tan académica como
escolar de predadores y presas.
Creo que es
necesario superar este menú de opciones para sustituirlo por otro más dinámico,
menos estático y lo suficientemente operativo, capaz de reflejar las actuales
condiciones del juego global. Sin lugar a dudas, la mejor aptitud para innovar
en los patrones de juego ha diferenciado los logros de Irlanda y Francia en el
concierto de las naciones de rugby. Cómo lograron construir y desarrollar de
manera sustentable una ventaja competitiva capaz de colocarlos en la cima de
las clasificaciones de World Rugby…?
Mi hipótesis de
trabajo es que estos equipos lograron posicionarse en base al rasgo distintivo
de la innovación y lograron desarrollar gradualmente un nuevo ecosistema del
juego.
Bajo qué rasgos
típicos considerar a un equipo como innovador…? En una primera instancia,
podríamos clasificar a los innovadores como aquellos que buscan instalar una
plataforma de juego sostenible en el tiempo, alimentada y retroalimentada de
sus propias fuentes y de sus propias tradiciones. Estas características han
dado al juego de estos equipos la posibilidad de influenciar y finalmente
afectar de manera directa al ecosistema del que participan. Desde este punto de
vista la única ventaja verdaderamente sostenible proviene de superar a los
competidores basándose en la innovación.
La innovación es el
capital más preciado y el principal insumo para el desarrollo y el sostén de
estos equipos. Pero innovar requiere también adaptarse a la complejidad del
entorno y reorganizar de manera estratégica los elementos del juego que ya
existen en el ecosistema, hasta hacerlos interactuar de forma más eficaz y
hasta sorpresiva.
Los equipos no
innovan ni dejan de innovar de la noche a la mañana, sino que lo hacen a través
de procesos graduales y orgánicos, muchas veces imperceptibles pero en
ocasiones dejan tras de si una brecha de imprecisiones e inestabilidad. Sin
duda alguna, esta es la situación actual de Francia, Nueva Zelanda, Australia y
Argentina, por ejemplo.
Un concepto
extrapolado de la biología y finalmente adaptado a la literatura empresaria
llamado ´Coevolución´, podría ilustrar de forma más contundente el estado
actual de las cosas en el mundo del rugby. La Coevolución es un proceso en el
que las especies interdependientes evolucionan en un ciclo sin fin recíproco,
en el que los cambios operados en una especie preparan el escenario para la
selección natural de los cambios en las otras especies y viceversa.
Si reemplazamos la
palabra ´especie´ por ´equipo´, advertimos que esta categorización se alinea de
manera sorprendente con la realidad.
Los Wallabies, por
ejemplo, vencieron a Inglaterra y Sudáfrica este año y habrían podido batir a
los All Blacks en la ronda 1 de Bledisloe Cup, en Melbourne, pero no lograron
victorias sobre Irlanda y Francia. Bajo la misma lógica Los Pumas consiguieron
derrotar nuevamente a All Balcks en The Rugby Championship y a Inglaterra en
Autumn Nations, pero no pudieron vencer a Gales y Escocia en la misma serie.
Claramente, ambos equipos se encuentran inmersos en esa estela de
inestabilidades que mencionamos como característica de este ecosistema.
Prestemos atención
a las innovaciones puestas en juego por Francia desde 2019 y podremos ver dos
movimientos interesantes en las capacidades del equipo: un incremento de la
eficacia defensiva y una mejora en la ratio de tries anotados/ recibidos.
El aumento de la
actividad defensiva que produjo la llegada de Shaun Edwards permitió extender
esta reestructuración al lado disciplinario, pero también al ataque, lo que
permitió a Francia liderar su Grand Slam en el Six Nations Rugby en 2022.
La siguiente tabla
muestra las métricas crecientes de Francia que, desde 2019 y en base a la
eficiencia defensiva, han logrado refrescar el ataque en base a precisión y
velocidad.
En cambio, las
innovaciones que ha venido implementando Argentina han tenido origen en los
problemas que necesita resolver para sobrevivir en la competencia de elite. Su
escuadra se compone de un 94% de jugadores que trabajan fuera del país, con una
alta densidad localizada en Europa. Estas son las condiciones de trabajo y los
desafíos que asumen los entrenadores argentinos, con solo tres jugadores
radicados en el país, lo que se presenta como una realidad opuesta a la de
Nueva Zelanda y parcialmente diferente a la de Australia, sujeta a la ´ley
Gitau´.
El ecosistema de
Argentina genera una intensa presión sobre los niveles de cohesión y conspira
contra el correcto ensamblaje y el ajuste de las variables del juego, año tras
año. Pero al mismo tiempo este ´afecto societatis´ es una de las mayores
fortalezas de Los Pumas que han logrado avanzar algunos casilleros en el
ranking de Rugby World este año, a pesar de las desfavorables condiciones
logísticas en las que trabajan.
La principal
innovación de Los Pumas comenzó con el aprendizaje de Jaguares, la franquicia
Argentina en Super Rugby, y consistió en el mejoramiento del juego
desestructurado, algo en lo que los equipos Neozelandeces se destacan de manera
permanente. En esa vía lograron sorprender a los Wallabies en Rugby
Championship 2022 con tres tries provenientes de pérdidas de balón ganadas.
El otro pivote para
crear innovaciones ha sido el relanzamiento de su juego de patadas, desplazando
paulatinamente el eje de su juego desde los kicks cuyo objetivo era alejar la
presión del oponente, hacia la ganancia territorial en campo contrario y el
auge de las pelotas disputables. La Tabla 2 muestra que la posesión pateada de
Argentina ha crecido desde 2019 para estabilizarse y luego explotar en modo
ataque y disputa en el transcurso de 2022.
El camino hacia la
Copa del Mundo de Rugby 2023 mostrará qué tan radicales y diferentes son las
innovaciones propuestas por Irlanda, Francia o Argentina y cuánto influirán en
el ecosistema de juego que las contiene actualmente.

